Archivo mensual: mayo 2018

WTF

King-World-News-WTF-Is-Going-On-Here-864x400_c«Por si no fuera suficiente el cambio disruptivo que la digitalización comporta, cada vez perdemos más certeza de seguridad institucional y jurídica»

JC Valero / día 29 de mayo de 2018 / abc.es

En los últimos días, los ciudadanos asistimos con profunda inquietud e incluso consternación al desfile de acontecimientos que sacuden a nuestro país desde el interior, es decir, lo que nosotros mismos nos estamos aplicando como si de un cilicio se tratara para la vida pública. Por si no fuera suficiente el cambio disruptivo que la digitalización comporta, de la mano de la inteligencia artificial, coches sin conductor, drones y robots que ocuparán nuestros empleos, cada vez perdemos más certeza de seguridad institucional y jurídica, necesaria para el desarrollo económico y de libertades.

¿Qué futuro nos espera con la moción de censura? ¿La tecnología empeorará nuestras vidas tras asombrarnos? ¿Cómo tomar hoy decisiones en Cataluña? El título que encabeza estas líneas es el mismo del último libro de Tim O’Reilly, publicado por Deusto, sobre la economía que responde al acrónimo «What the fuck?», expresión que traducida a lo políticamente correcto sería algo así como «¿Qué diablos?». Considerado el oráculo de Silicon Valley y su libro un best seller por el Wall Street Journal, O’Reilly habla sobre el futuro que nos espera y por qué depende de nosotros. Como de los catalanes primero depende la resolución de un conflicto que ya deriva en enfrentamiento social.

Entre las consecuencias de la crisis, el paro y la desigualdad salarial, atenazada por la velocidad del cambio tecnológico, están conduciendo a una reacción populista caracterizada por una desconfianza hacia las instituciones y las élites, aliñada con grandes dosis de miedo al futuro y a la globalización, lo que dificulta la resolución de los problemas que nosotros mismos hemos creado.

El director del Instituto de la Empresa Familiar, el catedrático Joan Corona, decía recientemente ante los micrófonos de COPE que las 4.500 empresas que han cambiado su sede social fuera de Cataluña no empezarían a plantearse su regreso hasta comprobar la existencia de estabilidad para por lo menos una década. El Cercle de Economía, que el jueves empieza sus jornadas anuales en Sitges, vuelve a plantear la necesidad de encontrar una tercera vía a una crisis institucional que solo hace que agravar la situación económica futura. Lamentablemente, la moción de censura ha trastocado el desfile de todos los políticos españoles por Sitges. Ojalá la toma de posición empresarial, aunque tardía, sirva para evitar que nuestro futuro esté repleto de WTF.

 

Festival de la muerte

42404995481_bc79cfdfed_b«El rechazo a la muerte se refleja en nuestra sociedad en que los cadáveres tienden a ocultarse»

JC Valero / día 15 de mayo de 2018 / abc.es

El final de la vida es el periodo más sensible de la existencia humana, en el que emergen necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales tanto en los pacientes como en sus familias. En muchas culturas, echarse a morir supone la aceptación del final de la vida, pero nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte. Nunca conoceremos las estadísticas de los ciudadanos que, aquejados de enfermedades graves, dejan de tomar su medicación por su deseo de adelantar la muerte.

El rechazo a la muerte se refleja en nuestra sociedad en que los cadáveres tienden a ocultarse y, cuando se exponen, como ocurre en las funerarias, se hace bajo una apariencia irreal, con los rostros maquillados para evitar gestos mortecinos que, en cambio, sí mostraban las recientes prácticas de la fotografía «post mortem», que ayudaban a los dolientes a la superación del duelo. En el siglo XXI, al tiempo que se esquiva encarar el final de los allegados, paradójicamente se produce la difusión de imágenes de la enfermedad y la muerte compartidas «online» en redes sociales como reivindicación de la dignidad de los enfermos y sus familias.

En este punto, el duelo y la fotografía «post morten» se antojan contradictorios en nuestro siglo y al tiempo extremadamente vigentes, como demuestran las investigaciones de las doctoras Montse Morcate y Rebeca Pardo sobre cómo se comparte el dolor y el duelo digitalmente en casos sobre Alzheimer o los memoriales «online».

Rebeca Pardo, que ha trabajado en Harvard con médicos y antropólogos las narrativas de la enfermedad a través de la fotografía, también ha sido jurado de los premios de cortometrajes y fotografía del Festival WeCare que se entregarán el día 17 en CaixaForum. Lo organiza la cátedra WeCare de la UIC que promueve el conocimiento de los asuntos relevantes al final de la vida a través de la investigación, la formación y otras acciones sociales.

Sus miembros sostienen que, con frecuencia, el final de la vida se identifica con sufrimiento, y con este festival quieren reflejar que la vida puede estar llena de sentido, en todas las circunstancias, hasta la llegada de la muerte. En el «WeCare Festival: Living to the end» han participado propuestas de más de 120 países. Como dijo Octavio Paz: el culto a la muerte es culto a la vida.

 

En defensa de Europa

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Enrico Letta, ex primer ministro italiano.

Necesitamos un mundo sin proteccionismo nacional, y que los europeos culminemos nuestro espacio común con la unión bancaria y fiscal

Por JC Valero / día 2 de mayo/ abc.es

La asociación empresarial de gran consumo AECOC, con sede en Barcelona, suele invitar a líderes europeos en sus asambleas generales. El año pasado intervino el ex vice primer ministro británico Nick Clegg. Todavía resuena su afirmación de que el Brexit ha sido la mayor autolesión que un país moderno se ha infligido. El jueves intervino el ex primer ministro italiano, Enrico Letta, para quien la solución binaria que plantea un referéndum nunca puede sustituir a la política, aunque parezca un instrumento atractivo y de moda. Porque mal aplicado como arma arrojadiza puede provocar daños enormes, como demuestra el Brexit.

Ha llegado la hora de que prevalezca el pensamiento crítico por encima de las pasiones. Hay que explicar mejor Europa a los ciudadanos, porque, lejos de antojarse un relato casposo, es lo más moderno del mundo. No existe ningún otro lugar del planeta con las dosis de bienestar social. Vivimos tan interconectados que para explicar quienes somos ya no basta una sola palabra. Yo soy barcelonés y español porque soy catalán. Y en idéntica medida, soy europeo. Vivimos en una era de identidades múltiples. En ningún otro lugar del mundo se combinan las dimensiones nacionales y supranacionales, lo que constituye un antídoto frente a la pérdida de identidad que enarbolan los antiglobalizadores que solo viven intramuros del nacionalismo.

Necesitamos construir más Europa, porque el mundo del mañana será más interconectado y, como países aislados, no vamos a pintar nada en la mesa de decisiones del planeta en la, junto a chinos, japoneses y estadounidenses, se sentarán en breve los indios, indonesios y todos los demás emergentes. Además, solos, no tenemos garantías de estar tranquilos porque los asuntos de seguridad, migración, medioambiente, comercio internacional, etcétera, va a jugarse en el terreno de una pugna de influencias mundiales. Y en esa lucha los europeos tenemos que ser conscientes de que nuestra fuerza es la unión.

Necesitamos un mundo sin proteccionismo nacional, y que los europeos culminemos nuestro espacio común con la unión bancaria y fiscal. Solo así defenderemos los grandes valores de nuestra sociedad, que se basan en el modelo del Estado del bienestar social en el que no se abandona a nadie. Una Europa cimentada en la igualdad hombre-mujer y que la religión no imponga las reglas de organización del Estado. Y cuando digo religión, me refiero también a la nacionalista.

 

En defensa de Europa

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Necesitamos un mundo sin proteccionismo nacional, y que los europeos culminemos nuestro espacio común con la unión bancaria y fiscal

JC Valero / día 1 de mayo de 2018 / abc.es

La asociación empresarial de gran consumo AECOC, con sede en Barcelona, suele invitar a líderes europeos en sus asambleas generales. El año pasado intervino el ex vice primer ministro británico Nick Clegg. Todavía resuena su afirmación de que el Brexit ha sido la mayor autolesión que un país moderno se ha infligido. El jueves intervino el ex primer ministro italiano, Enrico Letta, para quien la solución binaria que plantea un referéndum nunca puede sustituir a la política, aunque parezca un instrumento atractivo y de moda. Porque mal aplicado como arma arrojadiza puede provocar daños enormes, como demuestra el Brexit.

Ha llegado la hora de que prevalezca el pensamiento crítico por encima de las pasiones. Hay que explicar mejor Europa a los ciudadanos, porque, lejos de antojarse un relato casposo, es lo más moderno del mundo. No existe ningún otro lugar del planeta con las dosis de bienestar social. Vivimos tan interconectados que para explicar quienes somos ya no basta una sola palabra. Yo soy barcelonés y español porque soy catalán. Y en idéntica medida, soy europeo. Vivimos en una era de identidades múltiples. En ningún otro lugar del mundo se combinan las dimensiones nacionales y supranacionales, lo que constituye un antídoto frente a la pérdida de identidad que enarbolan los antiglobalizadores que solo viven intramuros del nacionalismo.

Necesitamos construir más Europa, porque el mundo del mañana será más interconectado y, como países aislados, no vamos a pintar nada en la mesa de decisiones del planeta en la, junto a chinos, japoneses y estadounidenses, se sentarán en breve los indios, indonesios y todos los demás emergentes. Además, solos, no tenemos garantías de estar tranquilos porque los asuntos de seguridad, migración, medioambiente, comercio internacional, etcétera, va a jugarse en el terreno de una pugna de influencias mundiales. Y en esa lucha los europeos tenemos que ser conscientes de que nuestra fuerza es la unión.

Necesitamos un mundo sin proteccionismo nacional, y que los europeos culminemos nuestro espacio común con la unión bancaria y fiscal. Solo así defenderemos los grandes valores de nuestra sociedad, que se basan en el modelo del Estado del bienestar social en el que no se abandona a nadie. Una Europa cimentada en la igualdad hombre-mujer y que la religión no imponga las reglas de organización del Estado. Y cuando digo religión, me refiero también a la nacionalista