Archivo mensual: diciembre 2017

Mutantia

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José Luis Bonet ha recibido el Premio al Comercio Exterior ABC-CZFB

Como el nacionalismo es la máxima expresión del proteccionismo, imagino que Pla mantendría hoy en día su análisis

Por JC Valero / día 27 de diciembre / abc.es

Para entender lo que ocurre en Cataluña nada mejor que recurrir a Josep Pla, que fue uno de los intérpretes más acerados del alma catalana. Su escritura, fruto de una profunda y sagaz observación de la realidad, era una mezcla de interiorización y descripción de las gentes y de su manera de pensar. Intelectual que estuvo veinte años fuera de España como corresponsal de periódicos, Pla vivió cinco o seis revoluciones y por eso las consideraba inútiles. Confesaba que lo único que le interesaba era vivir en un país exactamente consolidado porque sostenía que cuando un pueblo tiene una pasión, su moral baja.

Para Pla, los españoles somos tan difíciles como nos pintan, tan arriscados como ingobernables. Sentenciaba que el español es un ser insatisfecho, pero más simpático que el resto de europeos. Una insatisfacción que en su opinión nos ha frenado históricamente. A los catalanes los definía a través de lo que consideraba uno de sus motores más visibles: la envidia. Hasta el punto de que la felicidad para Pla pasaba por no sentir ese pecado capital tan mediterráneo. Para el ampurdanés universal, el catalán es un ser que se ha pasado la vida siendo un español cien por cien y le han dicho que tenía que ser otra cosa para resolver esa insatisfacción tan hispánica. Sin embargo, creía que el catalán, en general, estaba más satisfecho que el español debido al proteccionismo de su época. Y como el nacionalismo es la máxima expresión del proteccionismo, imagino que Pla mantendría hoy en día su análisis.

Para José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España, de Freixenet y de Fira de Barcelona, el momento que atravesamos es de total distracción de lo fundamental, que no es otra cosa que abrirse al mundo para llevar a la gente el progreso en forma de bienestar social. El directivo y también profesor universitario tiene la sensación personal de que los catalanes atravesamos una situación cuya retórica, mutantis mutandis, le recuerda la primera transición socioeconómica que nuestro país experimentó a través de los planes de estabilización y desarrollo en la década de los 60. Muchos empresarios pasaron entonces página de lo terrible que fue la guerra civil y posguerra y dejaron atrás la retórica procedente de la autarquía para empezar a trabajar en serio con ansias de modernizar el país y de abrirse a Europa.

Salvando las distancias, ha regresado la misma retórica que antaño se rechazó para abrazar el progreso. Cataluña se ha convertido en mutantia como resultado de la mutación del cromosoma de la insatisfacción en independentismo.

 

Súplica de maltratador

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En la era de la información se ha perdido el significado de estar informado

Por JC Valero / día 20 de diciembre / abc.es

En la era de la información se ha perdido el significado de estar informado y son mayoría los que confían en una colección de frases, alertas y todo tipo de mensajes que aparecen en el muro de sus vidas virtuales o que reciben a través del móvil, siempre procedentes de su propio entorno, de los afines. Algunos piensan que compensan esa falta de rigor a través de la televisión, sus tertulias o debates, cuando sus protagonistas se basan en la cultura del eslogan, que dibuja una visión distorsionada de la realidad.

Esa infotoxicación que actúa como el eco de las propias preferencias, catapultadas por los algoritmos de Google, Facebook o Twitter, esas plataformas que se presentan como grandes libertadores de la humanidad; supone para quienes no cultivan la pluralidad una sensación de estar informados, pero en realidad debilitan sus cerebros por puro desconocimiento de la otredad. Una debilidad que supone el caldo de cultivo perfecto para el arraigo del populismo.

En un tsunami, lo que más escasea es el agua. Lo mismo ocurre en el océano informativo donde vivimos: la verdad es más difícil de encontrar que una aguja en un pajar. Si los alimentos que comemos llevan en sus etiquetas todo tipo de explicaciones sobre su composición, los ciudadanos también tenemos derecho a saber si la información que consumimos es fiable. Necesitamos islas de confianza y de credibilidad en esa gigantesca conversación de las redes sociales.

En mi opinión, las potentes marcas de medios de comunicación fiables, como es el caso de ABC, juegan el rol de faros en ese proceloso océano de mentiras y deformaciones que circulan a la velocidad de la luz, gracias a los bots, esos esclavos informáticos que propagan la posverdad por encargo. Pero ojo, las mentiras también las distribuyen personas de a pie. Ayer encontré en el buzón de mi casa una carta sin firma que burdamente simulaba estar manuscrita, de mujer a mujer, en la que su imaginaria autora pretende tranquilizar con palabras emotivas del tipo: «Se me rompió el corazón… y quise llorar» cuando «me pediste por favor que no me enfadara contigo porque no eres independentista». La carta finaliza con un «cuento contigo para impulsar nuestro proyecto de país… donde todo el mundo sea respetado». Y se despide con un «te quiero» que me suena al que profieren los maltratadores cuando suplican otra oportunidad.

 

Navidades (im)perfectas

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El chef David García ofrece en un hangar portuario de Barcelona menús gourmet a precios de risa

Las encuestas electorales anuncian una Navidad normal, es decir, tan caótica en lo político como en lo familiar

Por JC Valero / día 13 de diciembre / abc.es

Muchos españoles, que lo somos por el simple hecho de haber nacido en Cataluña, esperamos que estas Navidades sean imperfectamente perfectas. La expresión la tomo prestada del eslogan de la campaña televisiva de Lidl, donde la cadena de origen alemán aboga por una celebración tradicional, libre de estridencias y de ostentaciones. La expresión me va como anillo al dedo para manifestar mi deseo de que tras el 21-D la sociedad catalana vuelva a la imperfección de un país de diferentes que comparten un espacio de convivencia que aleje cualquier síntoma de odio y nos facilite avanzar juntos. Como ocurre en las familias.

Las encuestas electorales anuncian una Navidad normal, es decir, tan caótica en lo político como en lo familiar, lejos de la artificiosidad, arrogancia y forzada perfección que nos vendían los independentistas con sus mentiras de la Arcadia feliz. Yo prefiero para Cataluña el guirigay que viven las familias que celebramos estas fiestas en una imperfección entrañable que, en el caso de Lidl, se extiende a las ubicaciones de restaurantes «pop-up» improvisados en lugares tan aparentemente poco adecuados como un hangar del puerto barcelonés, donde esta semana el joven chef David García, ganador del concurso Top Chef, hará disfrutar de una experiencia gourmet al alcance de todos los bolsillos, merced a la gama de productos Deluxe que, a pesar de reflejar en el nombre su categoría, son muy asequibles.

Hace una década que Lidl apuesta por democratizar la gastronomía gourmet a partir de ofrecer la máxima calidad e innovación al precio más económico del mercado, con 400 referencias en ese segmento, de las que más de la mitad (230) son producidas en nuestro país por proveedores españoles y que se exporta a 26 países europeos a través de las 10.000 tiendas de esta cadena, que coloca nuestros mejores alimentos en las mesas navideñas del Viejo Continente.

Las tendencias electorales dibujan la imperfección de una sociedad plural, donde la fuerza de la realidad ha quitado la venda de los ojos independentistas, enfrentados a la constatación de que todo lo pregonado era literalmente falso. Confío que Iceta no caiga seducido por los cantos de los Comuns y evite pactar o «autorizar» con su abstención un Govern con los de Domènech y ERC al son del mambo de la CUP. Tanto en política, como en las familias, la infidelidad es la peor traición. Solo la (im)perfección constitucional nos garantizará que las Navidades venideras sean normales.

 

Yo, bot

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En el desafío catalán se ha podido comprobar que la esfera pública está dominada por las redes

Por JC Valero / día 12 de diciembre / abc.es

La pereza parece condenarnos a que no nos importe ni la verdad ni los argumentos. Nos basta con sentir. A todos nos gusta opinar y últimamente lo hacemos constantemente a través de las redes sociales, lugares donde se crea poder porque influyen en la opinión pública. El populismo encuentra en las redes su principal caldo de cultivo y de propagación al jugar con simplificaciones que muestran preferencias expresivas más que deliberativas.

Máriam Martínez-Bascuñán, autora junto a Fernando Vallespín, de «Populismos» (Alianza Editorial), sostuvo en la XV Jornada de Periodismo titulada «Censura, autocensura y la mentira de la posverdad», organizada por la Asociación de Periodistas Europeos con el patrocinio de Coca-Cola, que la simplificación, convertida en acción política, se reproduce fácilmente en las redes merced a esa ilusión del presentismo, de la participación ciudadana en la esfera pública.

En el desafío catalán se ha podido comprobar que la esfera pública está dominada por las redes, donde la razón ha perdido su sitio en favor de emociones y sentimientos. Pero en la labor de difusión no intervienen solo los humanos. Los bots están programados para no cambiar de opinión, de ahí la radicalización de las redes. Se ha demostrado que ayudaron al Brexit y a Trump.

El 50% del tráfico existente en las redes sociales está generado por bots, término que procede de la palabra robot. Son programas informáticos diseñados para influir en la gente, modificar su estado de opinión, reproduciendo de forma sistemática y muy rápida pequeñas labores tediosas para cualquier humano, por ejemplo, retuiteando automáticamente contenidos para generar ruido en torno a una noticia o una declaración. La actividad de los bots, que son difíciles de identificar, provoca enfado en las personas reales. Un buen antídoto es huir de las conversaciones excesivamente radicalizadas. El objetivo de los bots no es otro que la noticia que mueven suba en los rankings de audiencia y se genere un fenómeno de bola de nieve para que acabe llegando a más gente real.

Se ha comprobado que hubo ataques masivos de bots en torno al 1 de octubre, cuando el 55% de los perfiles y del tráfico en las redes sociales procedían de granjas informáticas rusas con identidades falsas. Los bots se utilizan como herramienta comercial o asistentes personales. El problema empieza cuando esta tecnología se utiliza para manipularnos como ocurre en todas las campañas electorales del mundo democrático. Solo falta que los bots voten.