Archivo mensual: octubre 2017

Autolesionarse

El independentismo ha sido la utopía disponible en Cataluña para canalizar la ansiedad de las clases medias o acomodadas

autolesionarse

Por JC Valero / día 25 de octubre / abc.es

Deseo de autolesión aparece como un síntoma del trastorno límite de la personalidad, pero también pueden autoagredirse quienes presentan depresión o ansiedad, insensibilidad emocional o sensaciones de fracaso u odio a sí mismo, además de baja autoestima o perfeccionismo, entre otros desordenes.

Nick Clegg, que fue viceprimer ministro de Reino Unido, dijo en marzo en Barcelona que su país «se arrepentirá enormemente del Brexit», porque a su juicio esa decisión colectiva es «uno de los actos de autolesión más extraordinarios tomados por un país democrático en la era moderna». Lo mismo está ocurriendo en Cataluña. Hace unos días, escribí en estas páginas que los seguidores del procés se comportan como esos adolescentes que se tatúan a cuchillo una ballena azul como primera prueba de un macabro juego en el que se infringen sufrimiento y que finaliza con el suicidio, igual que esos gigantes de los mares deciden acercarse a morir a las costas.

Detrás del malestar frente a la globalización y la crisis económica, no solo están los perdedores que reaccionan atraidos por el populismo de izquierdas. El independentismo ha sido la utopía disponible en Cataluña para canalizar la ansiedad de las clases medias o acomodadas que, aun manteniendo ingresos y empleo, por motivos de miedo o rechazo al cambio tecnológico u otras circunstancias, se han abonado al populismo estelado. La prueba de que el independentismo no es el reflejo de los perdedores de la crisis en Cataluña lo demuestra el Bajo Llobregat, donde el impacto de la crisis económica ha sido brutal, pero las fuerzas separatistas son residuales.

Habrá que averiguar por qué en la sociedad catalana ha calado la demanda del populismo estelado, cuando se está comprobando que esa conducta es claramente autolesiva en términos de bienestar social, económico y de salud mental.

Eduardo Mendoza, premio Cervantes 2016 y autor de «La ciudad de los prodigios», sobre su Barcelona natal, recordaba hace unos días que la historia nos enseña que no se grita por las calles que no hay democracia cuando realmente no hay democracia; «si te dejan salir a gritar lo que te da la gana es que las cosas no están tan mal». Lo mismo ocurre en TVE cuando sus periodistas critican intromisiones gubernamentales: pueden hacerlo porque hay democracia. ¿Es posible la disidencia en TV3 y Catalunya Ràdio?

 

Tensión de rotura

Se percibe riesgo de rotura que puede derivar en colapso de la convivencia

Antón Costas

Antón Costas, catedrático de Política Económica en la Uiverdidad de Barcelona

Por JC Valero / día 18 de octubre / abc.es

El cálculo de la tensión de los materiales es importantísimo en física e ingeniería para evitar roturas en las infraestructuras o edificios. Trasladado ese principio a la sociedad, los independentistas y sus medios de comunicación han sometido a la ciudadanía a un exceso de presión en su ingeniería social al forzar que Cataluña es «un sol poble» y solo respetar el pluralismo de quienes rompen con el resto de España. Por si no tuviéramos suficiente ansiedad frente a las desigualdades actuales y futuras derivadas del acelerado cambio técnico, tras las manifestaciones del 8 y del 12 de octubre se percibe riesgo de rotura que puede derivar en colapso de la convivencia si no apuntalamos nuestras relaciones con grandes dosis de tolerancia en lo personal y respeto a las leyes en lo social.

Como otros periodistas, ayer recibí una carta remitida por Iván C. y firmada simplemente por «un catalán», en la que pone de manifiesto la tensión emocional que sufre esa mayoría silenciosa de catalanes que ha asistido cariacontecida a la evolución del «procés» hasta llegar a los actuales límites de rotura. Tras señalar que «se habla mucho de las víctimas de las porras, y a algunos políticos se les llena la boca de derechos humanos», ese ciudadano se pregunta: «¿Por qué no hablan de las víctimas que está causando esta locura del independentismo? ¿Solo tienen voz los que más gritan, o duele más el golpe de una porra? ¿Hasta qué nivel hay que subir el tono de voz o el dolor para que oigan a las víctimas silenciosas? ¿Será necesario (Dios no lo quiera) un suicidio colectivo para salir en la TV, prensa, radio?».

Recomiendo el libro «El final del desconcierto», del catedrático de Política Económica en la UB, Antón Costas, en el que reclama un nuevo contrato social para que España funcione. Un nuevo contrato que incluya otro político de soberanía compartida en Cataluña que evite la quiebra del Estado. La Transición, recuerda el maestro, supo construir un contrato social y político que ha dado extraordinarios frutos en términos de progreso. Pero se ha deteriorado por culpa de la crisis y el surgimiento de populismos de izquierdas e independentistas. La tarea consiste ahora en renovarlo para abrir una nueva etapa de esperanza que pasa, según Costas, por una reforma constitucional que sea refrendada por todos los españoles. Porque el capital más importante siempre es el humano.

 

Mary Poppins

En una entrevista que circula por las redes sociales como la pólvora, la diputada de la CUP Eulàlia Reguant defiende imponer un corralito en Cataluña para financiar la nueva república

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Julie Andrews en la película Mery Poppins

Por JC Valero / día 11 de octubre / abc.es

 Como le ocurre a mi compañero de página y sin embargo amigo Oti Rodríguez Marchante, uno tiene sus referencias culturales en el cine. “Ciudadano Kane”, de Welles; “Vértigo”, de Hitchkock”; “2001, una odisea en el espacio”, de Kubrick y “Blade Runner”, de Ridley Scott, configuran el marco mental del pobrecito hablador que firma estas líneas. Pero estos días me viene a la cabeza “Mary Poppins”, de Stevenson, por los acontecimientos que atravesamos los ahorradores catalanes.

Si recuerdan el argumento, el señor Banks conmina a su hijo Michael a depositar sus ahorros –dos peniques- en el banco donde trabaja, pero el chaval quiere comprar comida para las palomas a una anciana y el presidente de la entidad, el gran Dick van Dike, les acorrala y quita las monedas, a lo que el niño grita que le devuelvan los dos peniques. El resto de clientes y las personas que pasan por la calle oyen la desesperación del niño e interpretan que el banco no quiere devolver su dinero a un cliente, lo que provoca el pánico y en pocos minutos medio Londres reclama sus depósitos en el banco, con la consecuencia de su quiebra.

En una entrevista que circula por las redes sociales como la pólvora, la diputada de la CUP Eulàlia Reguant defiende imponer un corralito en Cataluña para financiar la nueva república. Dice que a partir de la declaración de independencia harán “un control de capital y de flujos para garantizar la capacidad de funcionar a la república”. Más claro, agua. Pero lo traduzco: establecerán un corralito para evitar que el miedo de los clientes vacíe los bancos en Cataluña.

Siendo la cupera tan explícita, no es de extrañar que los ahorradores catalanes, como los de la “city” de la película de Walt Disney, sean un ejemplo perfecto del teorema de Thomas, descrito en 1928 y cuyo enunciado dice algo así como: “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. Dicho de otro modo: si un sector importante de la sociedad considera un determinado hecho como real, actuarán en consecuencia como si el hecho fuera real, de manera que dicho hecho social hipotético producirá las mismas consecuencias que si es real. Ahora me explico las colas de estos días en los bancos. En Cataluña nos hace falta una Julie Andrews. ¿O ya la tenemos?

Vamos a contar mentiras

Así es como se está modelando a la opinión pública catalana, sin resquicio para el «sapere aude» que popularizó Kant

Por JC Valero / día 4 de octubre / abc.es

Una de las canciones del repertorio de mis excursiones infantiles era «Vamos a contar mentiras», cuyo estribillo decía que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas, tralará… Algo parecido está ocurriendo en Cataluña en la era de la posverdad o mentira emotiva, ese neologismo que describe que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Así es como se está modelando a la opinión pública catalana, sin resquicio para el «sapere aude» que popularizó Kant y que se traduce «atrévete a saber», pero también se interpreta «ten el valor de usar tu propia razón».

Me dijeron que en el mundo del revés nada el pájaro y vuela el pez, que hay un lobito bueno al que maltratan todos los corderos, y un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. No hay piedad para el razonamiento en estos tiempos de gobernantes rebeldes, huelgas pagadas y Mossos impasibles ante las órdenes judiciales. Si pensábamos que lo habíamos visto todo, tengo que reconocer que cada día la realidad supera cualquier ficción. Ayer mismo no daba crédito al oír al presidente de la patronal vallesana Cecot, Antoni Abad, justificar la doble huelga de los empresarios. Doble porque al perjuicio de no producir durante una jornada, se añade el de pagar a los trabajadores por haberles dado un día de fiesta retribuido «por el país».

Ya se sabe que los responsables de las distintas administraciones públicas no tienen reparos en regalar el dinero de todos. Es lo que ocurrió ayer con el día de asueto remunerado que concedieron a todos los servidores públicos en los sectores de la enseñanza, sanidad, transportes, etcétera. Con la salvaguarda de que, como paga el pueblo, a los que tuvieron que hacer servicios mínimos les remunerarán doble para compensar tamaño desagravio respecto a sus compañeros.

Las verdades parecen ser mentiras. Cada año que pasa soy más crío. Hasta que llegue el día de ser un recién nacido, como en la película «El curioso caso de Benjamin Button». O como el infantilismo que recorre Cataluña en busca del botón de la independencia. Hierba roja, verdes amapolas…. Hay un gato huyendo de un ratón. ¿Quién pondrá el cascabel al roedor? Me dijeron que en el reino del revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez, y que dos y dos son tres.