Archivo mensual: enero 2014

Matar al paciente mientras se recupera

Uno está acostumbrado a que en Cataluña las críticas al «proceso» se hagan en voz baja, «a cau d’orella». Y se cuentan con los dedos de una mano los empresarios que manifiestan sus opiniones críticas en público


Por: Juan Carlos Valero / Día 29 de enero- 2014 / Link ABC

Ochenta empresarios y altos ejecutivos de multinacionales alemanas asentadas en nuestro país o de empresas españolas con intereses en Alemania, todos miembros del Círculo de Directivos de Habla Alemana de Barcelona (KDF según sus siglas en alemán) celebraron ayer un almuerzo con el conseller de Economía y Empleo de la Generalitat, Felip Puig, en la reunión mensual que convoca esta entidad cuya actividad se remonta a principios de los 70 y que es única en España.

En la terraza del salón «top city» de la planta 19 del Princesa Sofía ondeaban las banderas alemana, española y catalana y el cronista creía asistir a uno más de esos encuentros políticamente correctos entre un gobernante y empresarios, que en este caso, al ser extranjeros, iban a mostrar su agradecimiento a la tierra de acogida. Uno está acostumbrado a que en Cataluña las críticas al «proceso» se hagan en voz baja, «a cau d’orella». Y se cuentan con los dedos de una mano los empresarios que manifiestan sus opiniones críticas en público, aunque en privado sean legión los que confiesan temblarles las piernas ante el desafío. Mientras llegaba el conseller, varios socios del KDF comentaron a quien suscribe no entender que se rechace una Cataluña fuerte dentro de España frente a la Cataluña debilitada y sin horizonte que pregona la «agitprop» independentista.

La sorpresa llegó en el turno de preguntas… El primero en abrir fuego fue un lector del periódico liberal-conservador «Frankfurter Allgemeine Zeitung», que trasladó a Puig que asistiremos a dos años más de mucho ruido, pero que élites como el banco suizo UBS confiaban en que se impondrá la inteligencia a través de una gran coalición entre PP y PSOE al estilo alemán o austriaco. Otro, que dijo haber creado su empresa en Cataluña hace 42 años y que exporta el 90% de lo que produce, dijo observar entre sus clientes extranjeros temor ante la inestabilidad independentista, ya que los productos que les suministra no son fácilmente reemplazables. Habló de miedo… Una ejecutiva planteó abiertamente a Puig si es que los catalanes están locos. Argumentó que mientras en todo el mundo se suele decir «si, pero…» o «¿por qué no?», en Cataluña se aboga por el «si, si, si». Otro empresario arrancó el aplauso de los asistentes ante un atribulado conseller, cuando dijo (transcribo): «Como el dinero es tremendamente temeroso y usted reconoce que no sabe cómo acabará, nos pone los pelos de punta. Los médicos tienen el deber de no matar al paciente mientras se recupera y nosotros le pedimos que los políticos no nos maten cuando empezamos a recuperarnos. No es el mejor momento para plantear algo tan tremendo, precisamente cuando estamos cogiendo aire. Y además, deberían cuidar los tiempos y los compañeros de viaje…». Sin comentarios.

CiU no tiene Plan B

Mas dijo que su gobierno sería «de los mejores», pero por muy buenos que sean, si su plan A, que consiste en conservar el poder, está en fallida es porque su César ha seguido el dictado de las legiones de la ANC


Por: Juan Carlos Valero / Día 22 de enero- 2014 / Link ABC

Todo el mundo necesita un plan B. Lo dice el mediático Carles Torrecilla en su último libro del mismo título. El profesor de marketing de Esade asegura que los empleos y las empresas ya no son para siempre. Yo añado que tampoco lo son los relatos que se construyen sobre la certeza de la imposibilidad de lo que propagan con el único fin de culpar de la negativa a otros. Así se consigue una cortina de humo que en el denominado «proceso» alcanza el efecto placebo.

Mas dijo que su gobierno sería «de los mejores», pero por muy buenos que sean, si su plan A, que consiste en conservar el poder, está en fallida es porque su César ha seguido el dictado de las legiones de la ANC. Hasta el punto de que la marca CiU experimentará un grave retroceso en las plebiscitarias, tal y como indican las encuestas. Quizá por eso, mientras se mantiene alta la moral de la tropa de puertas a fuera, en la Generalitat actúan con el ánimo de tener los días contados. Pero eso no significa que tengan un plan B. Ni siquiera que estén preparados para evacuar el poder, porque eso supondría estar a la altura.

Si grave es que un gobierno no tenga plan B, de mayores consecuencias es no tener ni un plan A para la Cataluña independiente a que nos empuja CiU. Me refiero al «ja veurem» como única respuesta ante cualquier intento de conocer el inexistente proyecto de país. Lo más grave, por el cinismo que entraña, es mantener la agitación y la propaganda, ahora ya en la escena internacional, sin que exista un relato de futuro más allá del manido «dret a decidir».

La inexistencia de un proyecto que se aleje del argumentario victimista es patente en muchos escenarios. Mas ha enviado una carta a las cancillerías (agitprop), pero su gobierno es incapaz de explicar «face to face» su proyecto. Daré sólo dos ejemplos. El 23 de octubre vino a Barcelona Michael Link, ministro de Estado para Asuntos Europeos de Alemania. El Consulado movió cielo y tierra para que fuera recibido por Mas o por algún conseller. Sólo accedió a tomar café Roger Albiñana, esa figura de la diplomacia catalana que domina la lengua de Shakespeare, a tenor de la carta que redactó para Mas para internacionalizar «el conflicto». La segunda prueba ocurrió el 12 de noviembre. Invitado por la Fundación Konrad Adenauer, vino a Barcelona Steffen Kampeter, secretario de Estado Parlamentario en el Ministerio de Finanzas alemán. En este caso, el segundo de Wolfang Schäuble, ese señor en silla de ruedas de escasa influencia en Europa, no consiguió ningún contacto oficial con la Generalitat. No hay mayor cinismo que creer en la suerte.

Barcino, capital de Hispania

La deformación de la historia y su empleo para justificar actitudes del presente llega al delirio en la multimillonaria celebración del tricentenario de 1714


Por: Juan Carlos Valero / Día 15 de enero- 2014 / Link ABC

Ejercer el propio pensamiento es la peor de las disidencias en el tramontano coro nacionalista que sólo acepta la diversidad en los otros, pero nunca entre «nosaltres». Al hispanista John Elliot le preocupó que un universitario barcelonés, de historia para más inri, creyera que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Cataluña. La deformación de la historia y su empleo para justificar actitudes del presente llega al delirio en la multimillonaria celebración del tricentenario de 1714, después de un simposio presuntamente docto bajo el mantra «España contra Cataluña». Me entristece que esa visión tergiversadora arruine el ingente trabajo que durante toda su vida hizo Vicens Vives para desmitificar la historiografía romántica catalana y evitar el constante agravio que la domina. Pero el reduccionismo ha anidado, no sólo entre los jóvenes que han aprendido una historia deformada de Cataluña que no conecta con la de otras partes de España. También esa visión defectuosa, falsa, la sostienen académicos y personas de «seny» a los que enajena unos sentimientos que les hacen ver pajas en el ojo hispano sin reconocer lo trenzada de nuestra historia común.

Evitar ese reduccionismo y contribuir a la revitalización humanista de la sociedad, es lo que ha movido a ABC a emprender una serie que, bajo el título «Cataluña en España, una historia común», no pretende más que ejercer el periodismo. Y lo hemos hecho acudiendo a los hechos mediante la historiografía científica, de la mano de estudiosos como Eduardo Escartín y Ramón Baiget. Arrancamos el pasado domingo con una presentación de los doce capítulos que, a partir del 26 de enero, entregaremos a lo largo de 2014 con la idea de evitar que la mala historia siga convirtiéndose en mala la política.

Hay que reconocer el mérito del nacionalismo catalán de haber convertido en notables consecuencias tangibles una fuerza que hasta ahora había sido sólo simbólica. Como simbólico es que hace 1.600 años el rey visigodo Ataúlfo y la reina romana Gala Placidia, hija de un hispano, gobernaran desde Barcino la Hispania independiente del Imperio. Fue la primera piedra de nuestro proyecto común. Su desconocimiento sólo es atribuible a la falta de formación humanística «que ha empobrecido y aislado a una sociedad a la que es urgente sacarla del analfabetismo funcional y simbólico». Un analfabetismo «que deja grandes vacíos en el sistema de referencias personales y colectivas y permite sumisiones y manipulaciones». No lo digo yo, sino 400 intelectuales que han firmado el manifiesto «Unas humanidades con futuro» que mañana entregarán a la consellera Rigau para que la cultura Humanística sea una inversión necesaria en Cataluña.

El dilema

No se puede argumentar que una Cataluña independiente sería viable, porque ser viable no quiere decir mejor


Por: Juan Carlos Valero / Día 08 de enero- 2014 / Link ABC

Los catalanes nos enfrentamos a una encrucijada histórica. Por un lado, se nos ofrece un camino aparentemente fácil, el del estatatismo propio de signo populista que guía la política por escarpados riscos sentimentales. Un camino hacia la incertidumbre, lo reconocen los propios independentistas, que compensan el temblor de piernas del abismo de lo desconocido con la emoción de una supuesta patria redentora de todo mal terrenal.

En ese viaje a la Itaca ensoñada, el placebo de la consulta enmascara que, de producirse una independencia unilateral, Cataluña pasaría a la historia como ejemplo de pueblo europeo que apuesta en el siglo XXI por el subdesarrollo de algunos liderazgos sudamericanos. En lo sentimental no opera lo racional. Lo reconocía el sábado pasado el presidente de la Bolsa de Barcelona, Joan Hortalà, ante los micrófonos de la Cope. El ex secretario general de ERC, que fue conseller de Industria con Pujol, aconseja desde su docta posición como catedrático de Economía que se expliquen las consecuencias de una posible independencia. Por la sencilla razón de que muchos catalanes, si ven que supondrá un coste a su nivel de vida o libertad, simplemente la rechazarán.

El derecho a saber, al conocimiento libre de sentimentalismos, debería de reclamarse con más intensidad. Pero en Cataluña el derecho a saber se antoja una titánica empresa ante la potente voz de los medios públicos y los concertados; atronadora durante demasiado tiempo hasta conformar una espiral de silencio que ha creado la ilusión de que los catalanes hemos perdido el «seny». Es la vía del estatatismo y populismo de corte sudamericano que hace que Cubavisión o la antigua televisión soviética no sean peores que TV3. No lo digo yo, sino quien fue el primer director de TV3, Alfons Quintà, en unas declaraciones a The Wall Street Journal. Porque si se trata de internacionalizar el denominado «conflicto», hay que hacerlo con todas las consecuencias, Incluida el de la crítica autorizada.

No se puede argumentar que una Cataluña independiente sería viable, porque ser viable no quiere decir mejor. El mapamundi está lleno de países viables en los que sus habitantes están peor que los catalanes. Afortunadamente, empiezan a ser legión quienes rechazan el argumento descalificador del miedo y reivindican la prudencia como la mejor consejera. Es el caso de los empresarios. No sólo los de las doce compañías catalanas del Ibex, sino también las medianas e incluso las pymes, que ven en el independentismo un premio de antipatía que supone todo un regalo a su competencia en la pugna por su actual cuota de mercado en el resto de España. Nada es gratis.